Hace aproximadamente 4 años que había colgado las cañas de pesca como quien dice, mis cañas de Inglesa, con las que pasaba mis buenos momentos de pesca, pero entre unas cosas y otras me aparté de este mundillo. Lo tenía un tanto en el olvido cuando una llamada de mi viejo amigo Clemente, al cual también llevaba tiempo sin ver, me hacía volver a las andadas. Mi amigo me invitaba a una jornada de pesca en la modalidad de carpfishing, la cual desconocía por completo.
Quedamos a las 6 de la mañana en un conocido bar de desayunos de Córdoba, sitio en el cual también esperaban Antonio y José para compartir la jornada de pesca y mientras, me comentaban algunos aspectos y costumbres fundamentales de esta modalidad de pesca. Tras el desayuno nos dirigimos hacia el río Guadalquivir, con la intención de disfrutar de algunas capturas y allí comencé a ver lo que ni me había podido imaginar. Todo ese material era totalmente nuevo para mí (tipo de cañas, alarmas, carretes, etc.) y lo que llevaban para ese día era un equipo más o menos ligero, no quiero ni pensar que sería el equipo completo.
Pues bien, llegó el momento de realizar los montajes y allí estaban Antonio y Clemente explicándome de forma que un novato como yo comenzase a disfrutar del mundo del carpfishing. La verdad que no me quedó muy claro pero tampoco quise aprender todo de golpe y molestarles con ello aunque me insistieran en que preguntase lo que no me quedase claro. Al instante las cañas quedaron preparadas con los montajes que ellos mismo hicieron y acto seguido una caña fue lanzada al agua, el hilo se tensó y se colocó el tensor, así con todas las demás.
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